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Salud mental y teletrabajo

He encontrado varios elementos comunes a los que se refiere la gente como efecto del teletrabajo repentino surgido tras la pandemia:

1) Dificultad para poner límites entre lo personal y lo laboral: el espacio se difuminó y se volvió uno. La vida privada perdió tiempo y espacio.

2) Relacionado con lo anterior, hay una sensación de tener que estar disponible 24/7: lo siente el trabajador y muchos de los jefes, puesto que actúan en consecuencia. Muchos reciben solicitudes y asignaciones incluso en sus días de descanso.

3) Un exceso de reuniones: la virtualidad ha llevado a que en la empresa todos estén a un clic de distancia, a través de distintos medios, por lo que es muy sencillo contactar a la gente y, a la vez, incorporarla a reuniones (una tras otra sin descanso), lo que está generando una sensación de cansancio y agobio.

4) Aumento en las cargas de trabajo: uno de los impactos de la pandemia fue que muchas empresas tuvieron que reducir personal y redistribuir funciones, con la consiguiente sobrecarga; eso, inevitablemente, trajo consecuencias físicas y emocionales.

5) Especialmente las mujeres refieren sobrecarga de jornadas, pues ahora tienen hijos estudiando en la casa y deben estar pendientes de muchas cosas que antes resolvían en la escuela. Todos estos elementos, sumados a los propios de la pandemia (miedo, incertidumbre, duelo, etc.) tienen a mucha gente viviendo momentos muy difíciles (ansiedad, insomnio, agotamiento, depresión, etc.), algunos al borde del síndrome de bornout.

La salud mental, tema todavía tabú en nuestros días, debe ponerse en la palestra y ser tratado de frente. La pandemia por sí misma ha causado muchos impactos emocionales, y el teletrabajo asociado con ella, los suyos. Los trabajadores están viviendo niveles de estrés como quizá nunca antes, y la mayoría está soportándolos “estoicamente” y en silencio, porque hablar de ello puede ser visto como debilidad y vivido incluso con culpa.

Pero ya desde antes de la pandemia estaba el enorme desafío de mantener un sano equilibrio entre la vida personal y laboral. Hay demasiados distractores, demandas sociales sobre los criterios de éxito, factores económicos, situaciones personales no resueltas, aspectos emocionales y también de cultura organizacional que pueden estar provocando que cada vez trabajemos más horas, lo que no necesariamente implica más productividad, sino robarle ese tiempo a otras áreas importantes de nuestra vida y perder el balance vida-trabajo, con sus inevitables consecuencias, muchas de ellas sobre la salud mental y los vínculos.

Sin duda es un enorme desafío el atender esta dimensión fundamental para los trabajadores, antes de que las consecuencias sean aún mayores.

Marlen Montero Solís, Directora Talento Corporativo, mayo de 2021.

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