Los conflictos son más frecuentes de lo que nos gusta admitir. Tienen que ver con que somos personas distintas, con formas de ver y entender el mundo diferentes, con intereses y personalidades distintas, así como experiencias de vida particulares, entre otras razones.
Lejos de temerles o “evitarlos”, a los conflictos debemos gestionarlos. La manera en que lo hagamos determinará el resultado y, en buena medida, la calidad de nuestros vínculos, tanto personales como laborales.
¿Qué es lo que más necesitamos cuando estamos en conflicto?. En términos generales, lo que más necesitan las personas en ese momento es:
- La posibilidad de expresarse
- Ser tratadas con respeto
- Sentirse escuchadas y entendidas
- Que los propios argumentos no sean descalificados
La comunicación asertiva, la escucha activa y la empatía son elementos fundamentales para enfrentar y resolver cualquier conflicto. Teniendo eso en cuenta, y haciendo uso de conversaciones efectivas, o bien algunas técnicas específicas cuando sea necesario (tales como la automediación y la mediación) hay una alta probabilidad de que las situaciones conflictivas se resuelvan desde un enfoque ganar-ganar.

Entre los muchos beneficios que podemos obtener de una buena resolución de conflictos en el ámbito organizacional, están: la mejora en los vínculos interpersonales; el favorecimiento a la salud mental; mejoras en el clima laboral; aumento en la productividad; disminución de la rotación de personal; fortalecimiento del rol de los líderes, y desarrollo de competencias.
Recordemos, además, que todo conflicto tiene algo qué enseñarnos, de modo que, si dejamos de temerles y los gestionamos adecuadamente, podremos aprovecharlos también para aprender lo que necesitamos de cada uno de ellos.
Marlen Montero Solís, Directora Talento Corporativo, febrero 2019.