Recientemente tuve la oportunidad de estar varios días en Monteverde, lugar que me fascina, principalmente por su belleza natural y su clima. Comparto tres fotografías que me impactaron, por lo que me enseñaron.
La primera es de un árbol que está ubicado en una zona muy ventosa; entonces se dobló en la dirección del viento hasta el suelo y sus ramas echaron raíces para agarrarse a otros puntos. Así soporta el viento con apoyo y se convirtió en un árbol “elefante” (esa imagen me da), fuerte para sostenerse con distintos puntos de apoyo. Esa capacidad de adaptación al medio me parece impresionante.

El segundo árbol se cayó sobre el cañón de un río, de lado a lado. Entonces echó unas enormes raíces para agarrarse de las piedras del río, y generó un nuevo tronco al otro lado, formando una L desde donde cayó, y generó nuevas y frondosas ramas; ahora crece como si hubiera nacido del otro lado del río. Increíble lección de supervivencia en condiciones extremas.

El tercer árbol se cayó “de cabeza” en un río y, las que eran sus raíces, se convirtieron en ramas, ahora vivas y con hojas. Lo que fue su copa ya no existe; ahora es un tronco sumergido dentro del agua, desde donde se alimenta el árbol. Nunca vi algo igual, ni imaginé que eso fuera posible. Aprendí que, aunque sea “de cabeza”, se puede seguir con vida y crecer. La montaña, y la naturaleza en general, nos enseñan muchas cosas. Lecciones de resiliencia que se obtienen con sólo observar alrededor.

Marlen Montero Solís, Talento Corporativo